La boda de Paula & Damián

La boda de Paula & Damián

Vi por primera vez a Damián en una foto de Instagram más o menos medio año antes de conocernos. Me la enseño la que entonces era mi compañera de piso. Recuerdo perfectamente ese momento en el sofá de nuestra casa en Ruzafa, recién independizadas, y con ganas de comernos el mundo. Recuerdo pensar: ¿quién es este chico de bañador rojo? Y recuerdo decirle a mi amiga: “vale, me he enamorado” . 

Después de mi flechazo cibernético y como buenas marujas que éramos entonces, mi compañera me hizo una disertación sobre lo que conocía de su persona. Eran conocidos y tenían bastantes amigos en común.

No voy a mentir, después de ese momento, creo que vi esa foto unas cuantas veces más. De hecho, a día de hoy sigo echándole un vistazo.

La primera vez que vi a Damián en persona fue en Jaávea, casualmente (o no) donde nos hemos casado. Fue en Septiembre de 2014. Yo estaba en la barra del bar y se acercó para hablarme.  No recuerdo lo que me dijo, pero yo, con todo mi orgullo le ignoré y me fui. Eso sí, mi ego no cabía por la puerta. El chico del bañador rojo había puesto sus ojos en mí y yo no podía estar más encantada. ¡PUNTO PARA PAULA! Después de aquello, pasaron meses hasta que nos volvimos a encontrar. Otra vez en una barra, pero esta vez en Valencia.

Fue el 6 de febrero de 2015,  desde esa noche contamos nuestra relación. Es el día de nuestro aniversario, el día que nos presentamos oficialmente y también el día que nos besamos delante de todos nuestros amigos cuál quinceañeros. Lo cierto es que fue él de nuevo quien se acercó a mí, pero tengo que decir que esta vez fue porque al verle, saqué mis armas de seducción masiva… tenía que ser para mí.

Al día siguiente cuando me escribió por Facebook , ya que no teníamos nuestros números porque no nos los habíamos dado, me salió una sonrisa de oreja a oreja…pero en esto del amor todo el mundo juega sus cartas , y yo, jugué las mías .

Decidí hacerle ver que no me interesaba, así que no le conteste hasta después de un tiempo, y cuando lo hice y él intentaba entablar una conversación, dejaba de contestarle y lo hacía a las horas o a los días siguientes.  En estas semanas recuerdo una de sus frases irónicas: “me encanta hablar contigo por fascículos”.

Obviamente no era falta de interés, estaba moviendo mis fichas para ganar la partida. Intentaba hacerle pensar que no me interesaba, algo a lo que él no estaba acostumbrado. Queremos lo que no podemos tener ¿no? Pues eso. Esa era mi baza.

Estuvimos unas semanas hablando por teléfono y por fascículos mientras él estaba de viaje de trabajo fuera de España, y os juro que sonreía como una niña cada una de las veces. Después de ese viaje de trabajo, y después de varias llamadas por teléfono que me ponían nerviosísima, tuvimos nuestra primera cita en el Mercado de colon de Valencia (uno de los sitios más bonitos de nuestra ciudad) y sin una barra de por medio.

 

No soy una chica que soñase desde pequeñita con su boda y con cómo sería su vestido de novia. Mucho menos con una pedida de esas romanticonas en París o encima de un mantel a cuadros viendo el atardecer.  A mí, si me lo pedían, que me lo pidieran en casa, un día cualquiera, con un pijama de todo menos sexy, y con un moño mal hecho. Vamos…. con el pan de cada día. Jajaj…

Y si, así fue, tal cual, Damián me pidió matrimonio en casa, en pijama, con un moño mal hecho, un día cualquiera y que ahora, ha dejado de serlo, el 9 de octubre de 2019. Me regalo un solitario de oro amarillo como el que mi madre le regalo a mi padre. Tuvo que diseñarlo y encargarlo a medida porque anillos así ya no se comercializan.

Y… ¿qué sentí?

Cuando me lo pidió me sentí nerviosa, incluso tímida, pero me pasó algo que no pensaba que me pasaría.  Mi relación dio un vuelco. En un instante mi amor creció hasta llegar a niveles estrepitosos. ¿Cómo algo tan simbólico puede hacerte sentir algo así? Pues sí, de golpe Damián iba a ser mi marido, y aunque ya sabía que era el hombre de mi vida, esa idea se clavó en mi corazón y reforzó todos mis sentimientos.

Ahora entiendo cuando se habla de etapas en las relaciones… habíamos escalado una de ellas  y las vistas desde arriba eran y son increíbles. Mi marido. Que bien suena.

Damián iba enterito de Blackcape. Mi madre quería regalarnos todo lo que nos pusiéramos ese día, así que ella y Damián se recorrieron todas las sastrerías de Madrid y Valencia hasta dar con lo que buscaban. Eligieron bien, porque jamás he visto un chaqué tan actual y tan elegante a la vez. Según me cuentan, tomaron la decisión por varios motivos: por la calidad de los tejidos y por la atención recibida. Un 10 para Blackcape.

Y hablemos de Ángel Kravak. El estilista del día, el peluquero de la novia y el team bride , y la persona que voy a guardar en mi corazón durante mucho tiempo. Su trabajo estuvo a prueba de humedad y lluvia, y no solo aprobó , es que saco matrícula de honor . Mis hondas duraron toda la noche sin inmutarse. El cree que fue el sérum que utilizo conmigo y que también utiliza J.LO, yo creo que fueron sus manos.
Además de peinarnos a todas , tuvo el detalle de acercarse a la habitación de mi marido y ponerle unos cuantos productos para que los saltos de la noche no le despeinaran ni un solo pelo.
Y todo esto sin contar que su forma de ser y su estar me contagiaron ganas . No paraba de repetirme mientras llovía : “amor, ¿tú sabes los fotones que te van a salir con esta luz ?”

Lo que no sabía era que tenía mucha razón, aunque se quedó corto , pero muy corto. Es el mejor trabajo fotográfico que he visto en mucho tiempo.

Mi primer vestido fue obra de Castellar Granados.  La elección del diseñador parecía que iba a ser una decisión complicada porque me gustaban muchísimos. Pero  después de visitar varios diseñadores de Madrid y dar con Castellar, lo tuve claro.

El vestido fue diseñado por mí y buscaba a alguien que hiciese realidad mi diseño. Ella no solo lo hizo real, sino que lo mejoro con creces con sus ideas y sus manos. El vestido se hizo con Seda Cady. Teníamos claro que debía ser un tejido sin peso y con vuelo. Es lo que pedía un vestido para ser llevado en una cala del mediterráneo.

Mis primeros zapatos fueron el modelo Cersei de Castañer de satén y terciopelo. Una anécdota graciosa sobre este tema es que yo quería este modelo sí o sí pero estaban agotadísimas en toda Europa. Lo sé porque me encargué de contactar con todas las tiendas y proveedores de Castañer. Por suerte, hubo una devolución de mi talla y me llamaron enseguida. Tenía que llevar esas cuñas, eran para mí.

Mis primeros pendientes fueron unas piedras agua marina rodeadas de diamantes de Suárez.

Como segundo vestido me dejé el vestido corto de satén confeccionado por Castellar Granados y me puse encima un kimono de seda bambula. Obra de arte diseñado y confeccionado por Estudio Savage, en concreto por el diseñador Adrian Salvador.

Mis segundos zapatos fueron unas sandalias plateadas de Jimmy Choo.

Mis segundos pendientes unos pendientes que le regaló mi padre a mi madre. Unos rombos de diamantes preciosos.

Nuestra alianzas se hicieron con oro fundido de los padres de Damián. Ambos fallecieron hace años y hemos querido llevarlos siempre con nosotros. La alianza de Damián es una alianza fina de oro amarillo, la mía una alianza completa de diamantes y oro blanco.

Fue una ceremonia civil a orillas del Mar Mediterráneo de Jávea, en Cala Portichol, uno de mis sitios favoritos del mundo. Veraneo en esta zona desde que soy pequeñita , quizá por eso y porque tengo sangre Canaria , el mar es mi paz y mi refugio después de Damián , y casarme a orillas de mi cala y de mi mar, era un sueño que no podía dejar de cumplir.

Pedimos la licencia para poder celebrar la boda en la misma cala y luego nos subimos para seguir con la boda al restaurante que hay en la misma cala. Se llama Cala Clemence y tiene las mejores vistas de toda la costa.

La encargada de oficiar la ceremonia fue Cristina de Meraki Plan. Ella nos hizo sentirnos en casa, cómodos, tranquilos, y contó nuestra preciosa historia de amor haciéndonos llorar al mismo tiempo que nos hizo reír.
Cristina tuvo gran parte de culpa de que mi sutil maquillaje de novia (obra de arte hecha por Eva Rozalen) desapareciese a la velocidad que se disiparon las nubes.  Eso, y el ver a mi marido llorando como una magdalena nada más verme aparecer andando hacia el altar .

Mi padre hizo un discurso precioso con el que todos seguimos llorando y luego Damián y yo nos leímos los votos. No solo llorábamos nosotros, también nuestros invitados y el cielo.

Fue precioso entrar en la Cala vestida de blanco cogida de la mano de mi padre , con la decoración de ceremonia más bonita que había visto jamás y con las 80 personas más importantes de mi vida mirándome. Me caían gotas , y me importó bien poco, al revés, considero que ha sido el momento más idílico que he vivido en toda mi vida, y probablemente que viviré.
Mi padre me dijo que si me casaba con un medio gallego , llovería en mi boda y no le faltó razón.

La ceremonia fue inspiración de Pinterest y la encargada de hacer que esa inspiración se quedase corta al lado de lo que se montó fue Marta Dalmau, del equipo de Somos gente de bien y Lovefest.

No tengo palabras de agradecimiento suficientes para ella. Ella ha sido mi wedding planner y la elegiría un millón de veces más. Superó mis expectativas con creces , y eso que yo, mis expectativas y la realidad, no solemos llevarnos muy bien.

Marta es una persona atenta, detallista, cariñosa, risueña, tranquilizadora, dispuesta, eficaz, perfeccionista y siempre siempre siempre va con una sonrisa en la cara. No hay nadie mejor que ella para cumplir expectativas y sueños. Creedme.

El mobiliario de la ceremonia corrió a cuenta de @eventsandstylevalencia. No tuve el placer de contactar con ellos directamente, pero las fotografías del montaje que hicieron hablan por si solas.

El taller de clo fue el encargado de las flores. Y aquí sí que hago una reverencia. No miento si digo que no tienen competencia. Tenía claro que quería una deco con plumeros, palmera seca, cardos y un pequeño toque de verde y flor, es lo que a mi parecer el ambiente de Cala Clemence demanda, pero… ¿es posible que alguien capte lo que quieres con tanta facilidad? Sí, es posible, pero con ellos.
Pusieron tanto empeño en dejarlo todo tan espectacular que hasta los hombres de la boda me hablaron de las flores y eso… eso ya sabéis que no lo consigue todo el mundo.

Del diseño del menú , los meseros y los nominativos se encargó Pilu de @jdnpaper. Eficaz, elegante y cariñosa como ella sola.

Para las fotografías, elegí a Alejandra Ortíz después de una búsqueda casi al nivel de equipo de investigación. Cuando la descubrí, me enamoró su forma de captar emociones y la luz de sus fotos. Ella se coló en el primer puesto de mi lista después de revisar millones de portfolios, webs y páginas de Instagram.

A veces es difícil tomar decisiones con respecto a la boda , más que nada porque son decisiones que van a definir un recuerdo. Pero con ella y con su equipo era imposible equivocarse, así lo han demostrado, no solo por su trabajo, también por todo su afecto. Estamos muy muy muy orgullosos de que nuestros sentimientos y el que se generaron en nuestro día vayan a quedar plasmados para siempre a través de sus fotografías . Ha sido un placer.

Con el vídeo, ahí no hubo duda ni trabajo de investigación, o cubría nuestra boda @ankerprod o no la cubría nadie. Entenderéis mis palabras si pasáis por su perfil de Instagram o revisáis su página web , NO HAY UN SOLO VÍDEO SIN ALMA, NO HAY UN SOLO VÍDEO QUE NO IMPACTE. Cada detalle de su trabajo se percibe. Las horas que hay detrás se notan. El trabajo arduo queda patente y la pasión que le ponen a lo que hacen hace que sus resultados estén a la altura de lo que ellos como personas merecen.

La música en manos de @wearesimplybroke. No exagero cuando digo que ellos fueron de lo mejorcito del día. Vivimos todo lo contrario al típico cóctel de boda relajado y con música ambiental. Con ellos acabamos todos saltando y gritando como si estuviéramos en un pedazo de concierto : “otraaaa, otraaaaa, otraaaa”. Y es que lo fue, fue un pedazo de concierto y un auténtico placer para los sentidos.

A Roy y a Domingo los conocimos en una escapada que hicimos Damián y yo a Ibiza , el verano pasado, y cuando los vi , pensé : “si algún día me caso, ellos tocarán en mi boda” . No miento cuando os cuento que fue lo primero que contraté después de Cala Clemence. Lo teníamos clarísimo.

No nos olvidamos tampoco de Carlos Torán, del equipo de @somosgentedebien y @lovefest. Hizo que nos lo pasásemos tan bien con su música que hemos tenido que pasar nuestra resaca de emociones , de alcohol y de bailes casi en una cueva. Carlos, hemos estado odiándote por las agujetas en los gemelos unos cuantos días . Demasiados saltos en un mismo día.

Damián y yo teníamos previsto casarnos el 9 de mayo de 2020, pero una pandemia mundial nos pisaba los talones y acabo por truncar nuestros planes iniciales.
Con positivismo y con el pensamiento de “todo pasa” y “todo pasa por algo “ cambiamos nuestra fecha al 18 de septiembre de 2020 convencidos de que este mal sueño llamado COVID-19 ya nos habría despertado y todo habría pasado.

Solo cambiamos la fecha , y esa fecha dependió de que TODOS los proveedores que habíamos elegido en un principio tuvieran disponibilidad. No queríamos cambiar ni un ápice de lo que habíamos elegido , básicamente porque sentíamos que contábamos con lo mejorcito del sector. De ahí que nos casásemos un viernes , laboral y por la mañana. Pero como he dicho, todo pasa por algo, y ahora nos hemos dado cuenta de que fue una de las decisiones más acertadas que tomamos en torno a nuestra boda .
Primero porque siempre he sido una chica de septiembre, es mi mes favorito del año , es el mes en el que cumplo años y es el mes en el que cuento el inicio del año. La gente se propone propósitos de año nuevo en navidad , yo, el 1 de septiembre. Creo que mi boda no podía ser si no en septiembre. Ahora lo sé .
Segundo porque es época de lluvias en la comunidad valenciana , y lo que al parecer de muchos es un inconveniente , para nosotros, acabo siendo una gran ventaja.

¿Os imagináis lo que hubiera sido casarse a orillas del mar rodeados de bañistas un sábado y con un sol resplandeciente? Pues hubiera sido bonito también , pero no tanto, y hubiéramos pasado muchísimo calor.

Finalmente llovió , si , pero apenas unas cuantas gotas. Lo justo y necesario para que no solo llorase el cielo, sino también nosotros y los invitados. Fueron lágrimas de emoción, las nuestras y las de las nubes.

¡Toda la felicidad del mundo para vosotros!

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